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Turismo en Zaragoza

 

Zaragoza

Las razones que esgrime esta metrópoli para animar a los viajeros a transitar por sus viejas calles son contundentes y, ante ellas, no cabe la discusión; el visitante debe asentir ante su apabullante legado histórico y desenfundar la cámara de fotos para cazar la belleza de la Catedral de San Salvador, la Basílica del Pilar o el Palacio de la Aljafería. De hecho, esta ciudad se postula como candidata a Capital Europea de la Cultura para el año 2016. Le asisten sobrados motivos para ello, y el trotamundos los adivinará todos cuando se acode en el puente de piedra, una infraestructura gótica levantada sobre el río Ebro, y capte, a través de sus cinco sentidos, la solera de esta ciudad cuyo menú turístico ofrece edificios barrocos, góticos, mudéjares, neoclásicos o renacentistas.

 

Dicha urbe pertenece a Aragón y aquellos que quieran conocerla como es debido, pueden acceder a ella a través de su aeródromo. En éste operan vuelos tanto civiles como militares y se emplaza en el suroeste de la ciudad. Otra opción para los que pretendan explorar Zaragoza la brinda su estación de trenes. Los viajeros madrileños o catalanes pueden recurrir al AVE, que les acercará en un santiamén a la estación maña, ubicada en las afueras de la metrópoli, concretamente en la avenida de Navarra. Aquellos visitantes que quieran adentrarse en la ciudad al volante de su automóvil, pueden hacerlo a través de la privilegiada red de carreteras tejida alrededor de Zaragoza. Así, por ejemplo, dispone de autopistas de peaje que unen la ciudad con Lérida, Barcelona o el País Vasco. Aunque los viajeros con DNI madrileño disfrutan de mejor suerte, puesto que la carretera que discurre entre ambas urbes respeta el bolsillo del bolsillo del visitante y no lo “asalta” con exigencias monetarias en cada recodo del trayecto.

 

El sector del automóvil y el hierro apuntalan la economía zaragozana. Así, la marca Opel mantiene aquí una de sus fábricas, y otras empresas como chocolates Lacasa o colchones Pikolin concentran el peso económico. De modo que la salud económica de la ciudad es “férrea”, salvo crisis de calado mundial.

 

Visitas esenciales

Al principio de esta Guía ya apuntamos que en Zaragoza se cocinan toda clase de monumentos (románicos, góticos, mudéjares…) de modo que los paladares pueden toparse con un manjar ecléctico:

 

Basílica del Pilar

Este edificio se levanta de espaldas al Ebro y supone un ejemplo de la arquitectura barroca. Hasta aquí peregrinan los fieles zaragozanos para honrar a su patrona, la Virgen del Pilar. Así que el viajero debe incorporarla a su ruta, pues no hacerlo supondría un desaire a su monumental belleza y un despiste que, con toda seguridad, le pesará.

Palacio de la Aljafería

Dicha construcción se circunscribe dentro del arte civil hispanomusulmán. Sus días se deben al rey Abú Yafar que la mandó construir en el año 864 y, desde entonces, apabulla a la concurrencia con su ornado oratorio y su salón del Trono. Es tal su belleza que la UNESCO la ha incorporado a su galería de maravillas (Patrimonio de la Humanidad).

La catedral de San Salvador, conocida también como Seo

Quizás este edificio encarne el súmmum de la convivencia entre estilos arquitectónicos: románico, gótico, mudéjar, renacimiento, barroco y neoclásico. Dicho templo comenzó a levantarse en 1189 y, en la actualidad, su fotogenia encandila las cámaras de fotos de los peregrinos.

 

Alrededores

La cartuja de Aula Dei         

Aprovechando esta excursión, el viajero podrá deambular por unos espacios con los que la Madre Naturaleza ha sido extremadamente generosa. Dicha Cartuja, que se encuentra entre los municipios de Peñaflor y Montañana, atesora siete pinturas murales realizadas por un joven y siempre admirable Goya. Sin embargo, para admirar estos portentos, el trotamundos ha de permanecer atento al calendario pues sólo el último sábado de cada mes se puede visitar el monumento. Así que al viajero, enamorado de Goya, no le recomendamos emprender la aventura zaragozana antes de esa fecha.

 

Gastronomía

Esta ciudad sabe cómo alimentarse y gozar con los sabores. Ya imaginamos que el viajero querrá obtener pistas y otras coordenadas culinarias para ubicarse en la carta de los restaurantes zaragozanos. Así, tenemos la longaniza de Zaragoza, huevos al salmorejo, las borrajas con salsa de almendras o el ternasco asado. El comensal ha de saber que las frutas cultivadas en el valle del Ebro merecen toda la atención de su estómago. De modo que no olvide las ciruelas de la ribera baja del Ebro, las peras y manzanas de la Almunia de Doña Godina o las cerezas del Valle de Ribota. Por supuesto, siempre hay que dejar hueco a los postres zaragozanos como las tortas de miel o los melocotones con vino.